07 mayo 2012

Sin sentido

Hace unos días abrí mi buzón y me encontré con una carta peculiar. Decía así.

Querida amiga:

Después de leer su encuentro fugaz con Neil Harbisson, he pensado que qué buena idea dar a conocer lo que el ser humano, o el hombre con aparatos cibernéticos en su caso, puede llegar a desarrollar en cuestión de sentidos. Es decir, la naturaleza nos dota de cinco sentidos estrictu sensu. ¿Qué pasa cuando uno de ellos falta? Estamos cansados de escuchar cómo los que no tienen el sentido de la vista, desarrollan el del tacto; pero lo cierto es que existen casos curiosos que merecen la pena mencionar. ¿Conoce usted el caso de Ben Underwood? ¿Ha oído alguna vez hablar de la ecolocación?

Dejo la carta, perpleja, y como Lisbeth Salander, me dirijo a mi ordenador a hacer investigaciones. Ecolocación humana: habilidad de los seres humanos que consiste en detectar los objetos del entorno por medio del eco que provocan al ocasionar un sonido. O sea, que si no puedes ver, puedes orientarte haciendo ruiditos y sintiendo las vibraciones que los objetos te lanzan. ¿Es esto posible? Pues sí. De hecho, meto en youtube el caso de Ben Underwood y descubro su historia.


Muy fuerte, sin duda.

Cierro la tapa del portátil, aturdida. ¿Acaso se ha convertido esto en una especie de recopilatorio de personas con sentidos nuevos?

¿Tienes tú un sexto sentido que me quieras contar?

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