Hace un par de años, al llegar a México, me advirtieron del fenómeno que se produce entre junio y octubre en ese país: la época de lluvias. Hecho curioso que hizo que mis amigos me regalaran algo que jamás pensé que nadie haría para alguien que cumple los años en julio: un paraguas.
A mi vuelta a España me dijeron que aquí también estaba cayendo una buena ahí fuera. Así que metí el paraguas mexicano en mi bolso y salí a la calle. “Encontrar una aguja en este pajar es toda una lotería”, me advirtieron.
Así pues, decidida, cogí los números de la suerte, tiré los dados y el crupier pronunció mi nombre.
Y así fue cómo, en plena época de lluvias españolas, encontré trabajo.
Y así fue cómo, en plena época de lluvias españolas, encontré trabajo.
Gracias paraguas.