30 marzo 2012

Porque sí

El otro día comiendo con unos amigos, uno de ellos cometió un pecado mortal. Dijo “Pásame el salero, pero en la mesa por fi”. No sabía lo que acababa de hacer: había delatado una de sus más íntimas manías. Gusto, placer, superstición o lo que fuere, pero una manía. ¿Que no soportas tomarte el café si no es hirviendo? Manía ¿Que solamente comes el pan del día anterior? Manía. Y así sucesivamente.

Así que un poco por solidaridad y un poco porque sí, voy a desvelar una manía de alguien que podría ser yo, podrías ser tú, podría ser tu vecino.

Se resume así: mano derecha-calle-anillo. Es decir, como si de un abrigo se tratase, no puedo salir a la calle sin un anillo en la mano al que sacar a pasear. Una vez llego a mi destino, pueden pasar una de estas tres cosas:

1.- Me quito el anillo y me olvido de dónde lo he dejado. Lo bueno es que la mayoría de las veces lo encuentro.
2.- Me quito el anillo y lo guardo en el bolsillo del pantalón o en el bolso, siempre a mano no vaya a ser que lo pueda necesitar en cualquier momento.
3.- No me quito el anillo. Consciente de que está ahí en mi mano, de vez en cuando lo toco, no vaya a ser que en algún despiste me lo haya quitado y puesto quién sabe dónde.

¿Que por qué sucede esto? ¿Acaso se puede elegir? No somos más que víctimas de una manía absurda. ¿No le pasa eso a todo el mundo? Algunos piensan que solamente se hace por llamar la atención y otros solamente por incordiar.

Yo me inclino más por los que sugieren: “Tú, chica, háztelo ver”.

23 marzo 2012

Misterios sin resolver

En mis ratos libres me estoy leyendo una novela policíaca, de esas en que hay que resolver un asesinato. El protagonista es un ligón y no para de conquistar a todas las chicas a las que interroga. Yo me imagino a un tío buenorro. Aunque luego viene una película y te lo tira todo por tierra… mira lo que le hicieron a Mikael Blomkvist en Millenium. Una pena.

Pues eso, que leyendo la novela me he acordado de uno de esos misterios familiares sin resolver, que normalmente son bastante absurdos, pero que mosquean. Así pues:

• Noche Vieja de 2000. Los habitantes de la casa de mis abuelos se van a dormir. Previamente han tirado las bolsas de basura pertinentes, menos la del cubo, que está a medias y no es plan.

• 1 de enero. La señora de la casa, o sea mi abuela, se levanta y se da cuenta de que el cubo de basura está sin bolsa. ¿Quién ha tirado la bolsa de basura que estaba puesta?, se pregunta. A continuación lo hace a cada persona de la casa que se va levantando con cara resacosa. Nadie responde. Bueno sí responden, pero nadie sabe nada.

¿Quién fue? ¿Por qué lo oculta? ¿Qué había en esa bolsa de basura? ¿Por qué no puso otra bolsa en el cubo para no levantar sospechas? ¿Fue un fantasma?

Esas y otras preguntas deambulan por la casa sin respuesta y de vez en cuando salen a relucir, quitando sueños y tranquilidades.

22 marzo 2012

Cero

Esta noche he tenido un sueño un tanto raro. Yo estaba durmiendo apaciblemente en mi cama, y de repente oía el aleteo de un pájaro en el salón. Me levanto, voy al salón y veo una paloma dando vueltas como una desesperada alrededor del sofá y los muebles.

En vez de gritar como una descosida, que hubiera sido mi comportamiento más natural, le pregunto “¿Qué haces?”. A esto que el pajarito se para, me mira fijamente a los ojos y me dice “Oye, que me quiero ir”. “Vale”, le digo.

Acto seguido abro las ventanas de par en par, y mi amiga se va.

Hace un día soleado y el aire fresco me da en la cara.